Innovar y digitalizar para una mejor toma de decisiones en el sector asegurador

Durante gran parte de la historia empresarial, las ventajas competitivas estuvieron asociadas a recursos escasos: capital, infraestructura, información. Quien accedía primero a ellos, obtenía una posición difícil de alcanzar para el resto.

Hoy, la situación es diferente. El capital circula. La tecnología se compra. La información se multiplica. Y, sin embargo, las diferencias de desempeño entre organizaciones continúan existiendo. La pregunta es por qué. La respuesta probablemente no esté en la cantidad de información disponible, sino en la capacidad para aprender de ella.

Durante años, cuando se hablaba de innovación, la conversación giraba alrededor de la tecnología: nuevos sistemas, nuevas plataformas, nuevas herramientas. La transformación parecía consistir en incorporar más capacidad tecnológica, pero la experiencia demostró algo distinto.

La tecnología no resuelve el problema central de una empresa. Lo expone porque, en el fondo, toda organización existe para tomar decisiones. Y la calidad de esas decisiones termina definiendo sus resultados mucho más que la calidad de sus sistemas.

Durante décadas, uno de los principales límites para decidir fue la falta de información. Hoy ocurre exactamente lo contrario. Nunca, las organizaciones tuvieron tantos datos disponibles y nunca fue tan evidente que la información, por sí sola, no resuelve la incertidumbre. La información reduce la incertidumbre, pero nunca elimina la necesidad de decidir. Por eso, muchas compañías siguen abordando la digitalización como un proyecto tecnológico, cuando en realidad se trata de un proyecto de gestión.

Objetivos y desafíos

No se digitaliza para acumular información. Se digitaliza para aprender más rápido. La diferencia parece sutil, pero no lo es. Un dashboard no reemplaza el criterio. Solo hace más visible cuando falta el criterio. Automatizar una mala decisión no la mejora: la multiplica. Y disponer de más información tampoco garantiza mejores resultados.

El desafío ya no es acceder a los datos, sino distinguir la señal de ruido. Hay que comprender qué está ocurriendo antes que los demás. Hay que transformar información en conocimiento y conocimiento en acción. En el mercado asegurador, esta realidad resulta cada vez más evidente.

La capacidad de analizar comportamientos, detectar tendencias, anticipar riesgos y comprender cambios en clientes y productores genera ventajas concretas. Pero esas ventajas no nacen de la tecnología. Nacen de la velocidad de aprendizaje de una organización.

Muchas empresas no pierden competitividad por falta de información. La pierden porque entienden tarde. Ven tarde. Reaccionan tarde. Corrigen tarde. Y en entornos dinámicos aprender tarde suele ser indistinguible de no haber aprendido. Tal vez, por eso, la mayor amenaza para una organización ya no sea la falta de información: quizá sea el exceso de certezas.

Aprendizaje

Aprender exige cuestionar supuestos, revisar conclusiones y aceptar que aquello que funcionó ayer puede no funcionar mañana.

Durante mucho tiempo pensamos que la transformación digital era un desafío tecnológico. Hoy empieza a quedar claro que nunca fue solamente eso. Siempre fue un desafío de liderazgo.

En un mundo donde la información abunda y la incertidumbre permanece, la ventaja competitiva no estará en quien tenga más datos. Estará en quien logre aprender antes, decidir mejor y actuar más rápido.

Fuente https://todoriesgo.com.ar/

Un fallo que admite la conducta dolosa y analiza la oportunidad del rechazo de cobertura

En una reciente sentencia dictada en un juzgado de primera instancia de Mercedes (provincia de Buenos Aires) se hizo lugar a la declinación de cobertura opuesta por la aseguradora debido a que el siniestro que dio origen al reclamo fue provocado dolosamente.

El caso tuvo aristas que resultan de interés desde la óptica del contrato de seguro y, especialmente, desde el análisis acerca de los plazos y oportunidad que rigen el rechazo o declinación de la cobertura.

Los hechos

En un primer momento, la compañía recibió la denuncia a su asegurado, quien relató que, en horas de la madrugada de un día domingo, personal policial se había hecho presente en el domicilio del conductor del vehículo asegurado, alegando que este había atropellado a un peatón y se había retirado del lugar. El auto fue llevado a dependencia policial, donde no se pudieron constatar marcas ni daño alguno. Lo más relevante fue que el conductor negó haber participado del hecho.

Un mes después, la aseguradora es citada a mediación. Durante la audiencia, la letrada del tercero requirente hace entrega de documentación en la que se refiere que, por el siniestro, se habría radicado denuncia dado que se alegaba que el conductor del vehículo asegurado habría “atropellado” adrede al tercero.

A partir de ello, la aseguradora remite una carta documento a su asegurado, suspendiendo plazos, informando que no se daría curso a reclamos dada su negativa del evento y haciendo reserva de rechazar la cobertura conforme los elementos que surgieran de la investigación del caso. Paralelamente, la aseguradora solicitó vista y copias de la causa penal, lo que no se obtuvo, sino hasta luego de trabada la litis del juicio civil.

Así las cosas, la aseguradora rechazó el siniestro al momento de contestar la citación en garantía -varios meses después del siniestro-, en el marco del litigio civil cuya sentencia comentamos, considerando la información con la que se contaba hasta entonces y la que se agregó a la demanda. Ello porque, como se dijo en ese entonces, en caso de demostrarse el siniestro en la forma en que lo había relatado el actor, el caso configuraba un hecho doloso o, al menos, el supuesto de culpa grave.

Como era de esperar, actor y demandados se opusieron a la excepción. El caso tuvo variadas posturas y cuestiones relativas a la prueba de los hechos e, incluso, testigos que habían declarado en sede penal asegurando que la conducta del conductor era dolosa, morigeraron y hasta cambiaron su posición para sostener que el hecho pudo ser culposo, no adrede.

La sentencia resaltó las contradicciones e inconsistencias en que incurrieron demandados y testigos y valoró los elementos originarios -tales como las actuaciones en sede penal- para finalmente inclinarse por aceptar que los hechos ocurrieron y que no fueron casuales.

La sentencia

Acreditada la ocurrencia del siniestro, su intencionalidad y los daños sufridos, la demanda prosperó contra los demandados. En cuanto a la situación de la aseguradora, se admitió la excepción, rechazando la extensión de la condena en su contra.

Ello, porque se entendió que:

– La aseguradora había obrado correctamente en su forma de abordar el tratamiento del siniestro: “Dicha postura inicial aparece razonablemente concordante con los elementos de juicio de que disponía la compañía en aquel momento”.

– “La cuestión a resolver no consiste en determinar si la aseguradora permaneció inactiva frente a elementos inequívocos que demostraban la existencia de una causal de exclusión, sino si razonablemente podía conocer en aquel momento la verdadera mecánica del hecho. Y la respuesta debe ser negativa. La incertidumbre inicial en que se encontró la compañía fue generada, en buena medida, por la información suministrada por el propio asegurado, quien negó toda participación del vehículo en el episodio. A ello se sumó la inexistencia de daños visibles en el rodado, la ausencia de elementos concluyentes en la investigación penal y, finalmente, la decisión de archivo adoptada en dicha sede”.

– “Fue recién a partir de la valoración conjunta de las declaraciones prestadas en sede penal y civil, de las contradicciones advertidas en los distintos relatos incorporados al expediente, de la conducta asumida por los demandados a lo largo del proceso y de los restantes indicios examinados precedentemente que pudo arribarse a la convicción de que el vehículo intervino en el hecho y que la embestida obedeció a una maniobra deliberadamente dirigida hacia la víctima. Mal puede reprocharse a la aseguradora no haber arribado anticipadamente a conclusiones que ni siquiera la investigación penal logró establecer y que sólo pudieron alcanzarse mediante la actividad probatoria desarrollada en estas actuaciones. No puede perderse de vista, además, que la situación de incertidumbre en que inicialmente se encontró la aseguradora fue generada por quien hoy pretende oponerle las consecuencias de esa falta de conocimiento. El asegurado no sólo negó la participación del vehículo en el hecho, sino que sostuvo una versión que esta sentencia ha considerado incompatible con lo efectivamente ocurrido.

“En tales condiciones, admitir que la aseguradora perdió el derecho a invocar una exclusión de cobertura por no haber descubierto inmediatamente aquello que el propio asegurado contribuyó a ocultar importaría arribar a una solución incompatible con los principios de buena fe que deben regir la ejecución del contrato”.

Oportunidad de rechazo

El caso resulta interesante dado que ofrece una visión ajustada a la realidad en la que la aseguradora se encontró en una situación de imposibilidad de conocer los hechos, en gran parte generada por la conducta del asegurado. De ese modo, se entendió que, a pesar de toda la diligencia desplegada, mal podría exigírsele el rechazo del siniestro antes de la instancia en la que finalmente lo efectuó.

El fallo, asimismo, recordó principios básicos acerca de la medida en que las aseguradoras deben responder, la oponibilidad de las causales de exclusión frente a los terceros y la buena fe con la que las partes deberían obrar en el ejercicio y cumplimiento del contrato.

Columna escrita por el abogado Cristian Alberca

¿Desregular es desproteger? El desafío de modernizar el mercado sin perder el eje en el asegurado y el PAS

El mercado asegurador argentino se encuentra ante una encrucijada histórica. Con leyes que datan de 1967 y una penetración estancada en el 3% del PBI desde hace décadas, el debate sobre la reforma normativa ha dejado de ser una charla de café para convertirse en un proyecto concreto en el Congreso. Sin embargo, la pregunta que recorre los pasillos de las aseguradoras y las oficinas de los productores es: ¿Cómo desregular la actividad sin desamparar al eslabón más débil y sin desdibujar el rol del asesor profesional?

De un Estado Administrador a uno Supervisor

La premisa central de la reforma propuesta es un cambio de paradigma: pasar de un Estado que «administra» el mercado  a uno que supervise riesgos.

Para el actual Superintendente, Guillermo Plate, desregular no significa «zona libre», sino fortalecer el poder de policía. La protección del asegurado no nace de una burocracia que aprueba pólizas por anticipado, sino de un control estricto de la solvencia real de las aseguradoras. Como sostiene Plate, «no hay seguro sin solvencia», y esta debe ser constitutiva del contrato: por cada peso que se debe, debe haber un peso real en la caja, no solo una «ilusión patrimonial» en los balances.

El Asegurado: Protegido por la claridad

El proyecto que circula en off busca que la protección del cliente deje de ser formal para ser efectiva. Los mecanismos clave son:

  • Lenguaje Claro y Transparencia: Se establece la obligación de redactar pólizas en términos simples, veraces y accesibles, eliminando tecnicismos innecesarios que alimentan la confusión.
  • Consentimiento Informado: Especialmente en la era digital, el asegurador debe garantizar que el cliente comprenda las exclusiones y límites de cobertura antes de dar el «clic».
  • Arbitraje Técnico: Para combatir la «industria del juicio» que encarece las primas, se propone una Red Nacional de Arbitraje. El objetivo es que expertos en la materia resuelvan conflictos con celeridad, evitando juicios de diez años ante jueces que, a veces, no comprenden la técnica del seguro.

El PAS: El Socio Estratégico de la Nueva Era

Lejos de buscar su eliminación, la reforma integral (que unifica las leyes 17.418, 20.091 y 22.400) redefine el valor del Productor.

  1. Segmentación de Canales: Se distingue claramente entre los canales con asesoramiento, reservados exclusivamente para los intermediarios registrados (PAS), y los canales directos para productos estandarizados de baja complejidad.
  2. Profesionalización e Idoneidad: El proyecto refuerza la capacitación continua como una herramienta de protección al asegurado. El PAS deja de ser un simple vendedor para consolidarse como un asesor de riesgos.
  3. Libertad de Remuneración: Se propone que las comisiones sean pactadas libremente entre las partes, sin aranceles mínimos ni máximos fijados por el Estado, premiando la eficiencia y la calidad del servicio profesional.

Plate ha sido enfático: los productores son los socios estratégicos de la Superintendencia. Son los primeros que detectan cuando una compañía deja de pagar o tiene conductas irregulares, funcionando como sensores de salud del mercado.

Opinión personal: Hacia la madurez del mercado

Este proceso de desregulación no debe ser visto como una carrera de velocidad, sino como un camino hacia la madurez institucional. Para que Argentina pueda aspirar a estándares internacionales de Solvencia II, el mercado debe abandonar definitivamente el modelo de «parches» ante cada crisis económica. Alcanzar un esquema donde el capital requerido esté realmente alineado con los riesgos asumidos —y no solo con formalidades contables— requiere una transformación cultural de todos los actores. En esta transición, la colaboración es innegociable: la SSN debe supervisar con criterios técnicos y no políticos; las compañías deben entender que la solvencia real es su único pasaporte a la estabilidad; y los productores, deben elevar la vara del asesoramiento profesional. Solo así el seguro pasará de ser un «trámite obligatorio» a ser el motor de inversión y protección que una economía normal necesita.

Seguro integral de consorcios: qué cubre y por qué es clave para la protección de los edificios

Desde incendios y daños materiales hasta reclamos por accidentes en espacios comunes, el seguro integral de consorcios cumple un rol central en la protección de edificios y propietarios. Qué establece la normativa vigente y cuáles son las coberturas más relevantes.

Los edificios bajo el régimen de propiedad horizontal comparten espacios, servicios y también responsabilidades. Ascensores, escaleras, pasillos, instalaciones y demás áreas comunes pueden ser escenario de accidentes o daños que involucren a propietarios, inquilinos, empleados y terceros.

En este contexto, el seguro integral de consorcios constituye una herramienta fundamental para proteger el patrimonio común y afrontar las consecuencias económicas derivadas de siniestros o reclamos.

De acuerdo con la normativa vigente, los consorcios deben contar con una cobertura que incluya, como mínimo, incendio y responsabilidad civil. Además, la obligación no se limita a la contratación del seguro, sino también a mantener la póliza vigente y al día.

Entre las coberturas más relevantes del seguro integral de consorcios se encuentran:

  • Daños por incendio, rayo o explosión en áreas comunes.
  • Responsabilidad civil frente a reclamos de terceros por accidentes o daños materiales.
  • Protección ante robos de bienes pertenecientes al consorcio.
  • Cobertura por rotura de cristales en espacios comunes.

Existen aún ciertas dudas alrededor de quien debe contratar este seguro:

La responsabilidad de contratar y renovar el seguro recae sobre el administrador, aunque los propietarios también tienen un rol importante al informarse sobre el alcance de la póliza y verificar que las sumas aseguradas sean adecuadas para las características del edificio”

Contar con una cobertura acorde a los riesgos y necesidades de cada inmueble permite resguardar el patrimonio común y brindar mayor previsibilidad frente a situaciones imprevistas que puedan afectar la vida cotidiana de la comunidad consorcial.

Fuente https://100seguro.com.ar/

Un árbol cayó sobre su auto, el seguro se negó a pagar y la Justicia le dio la razón a la compañía: por qué perdió el juicio

Aunque el impacto dejó el vehículo con graves daños, la Cámara Comercial ratificó que la empresa no estaba obligada a cubrir la pérdida. El fallo se basó en un análisis técnico que rechazó los argumentos del demandante y respaldó la postura de la aseguradora

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial confirmó el rechazo de una demanda presentada contra una aseguradora por la supuesta destrucción total de un automóvil a causa de la caída de un árbol. El siniestro, ocurrido en diciembre de 2020 en la Ciudad de Buenos Aires, dio inicio a un extenso litigio que atravesó dos instancias judiciales y puso en debate los criterios para determinar la destrucción total de un vehículo en el marco de un contrato de seguro.

El caso refiere a una controversia entre la propietaria del vehículo —una empresa que comercializa productos agropecuarios— y una aseguradora. Según consta en la resolución, la reclamante denunció que un árbol impactó sobre un rodado de su propiedad, específicamente un Volkswagen Voyage.

De acuerdo con la presentación, la firma entendía que los daños sufridos por el vehículo configuraban un caso de destrucción total. Solicitó a la aseguradora la cobertura integral prevista en el contrato, invocando la aplicación de la ley 24.240, que regula la defensa de los consumidores en la Argentina. El reclamo, según el fallo, incluyó la exigencia de reparación por los daños materiales y los perjuicios ocasionados por la supuesta negativa a cubrir el siniestro.

La aseguradora, en tanto, rechazó la presentación. Fundó su argumento en que el daño, si bien existió y fue reconocido, no alcanzó el umbral requerido para considerarse una destrucción total conforme los términos de la póliza pactada. La empresa reclamante cuestionó la validez y el contenido de la comunicación de rechazo, alegando que no cumplía adecuadamente con el deber de pronunciamiento exigido por la Ley de Seguros.

En la primera instancia, el juzgado tuvo por acreditada la existencia del contrato de seguro, así como la ocurrencia del hecho denunciado. El magistrado valoró la carta documento enviada por la aseguradora el 5 de enero de 2021, recibida por la empresa el 6 de ese mes, y consideró probado que la aseguradora notificó su decisión de rechazar la cobertura en el plazo legal previsto.

El análisis técnico resultó determinante. Un dictamen pericial mecánico, fechado en noviembre de 2022, estimó que el valor de reparación del vehículo rondaba los $516.000 a valores de diciembre de 2020. Ese monto representaba el 65,5% del valor de venta al público en plaza, establecido en $787.800 según datos oficiales del Registro de la Propiedad Automotor.

La póliza suscripta incluía una cláusula específica sobre “daño total” que fijaba como condición que el costo de reparación igualara o superara el 80% del valor de venta al público del rodado al contado en plaza. La resolución del juzgado subrayó que el informe técnico no fue desacreditado de manera eficaz por la demandante, quien insistía en que el parámetro económico relevante debía ser la suma asegurada y no el valor venal del automotor.

En ese contexto, el juez de primera instancia concluyó que no se configuró el supuesto de destrucción total exigido por el contrato y, por lo tanto, denegó la cobertura solicitada. Además, impuso las costas del proceso a la empresa reclamante, aunque la eximió de su pago por la aplicación del beneficio de justicia gratuita contemplado en la Ley de Defensa del Consumidor.

La demandante interpuso recurso de apelación ante la Cámara Comercial. Planteó que la aseguradora no había emitido un pronunciamiento válido dentro del término legal y objetó la valoración de la prueba pericial, sosteniendo que el costo de reparación equivalía al 135,8% de la suma asegurada según una ampliación del informe técnico. Reiteró su postura acerca de que la suma asegurada debía ser el parámetro decisivo.

La aseguradora, a su vez, cuestionó la eximición de costas dispuesta por el juez de primera instancia, argumentando que la parte vencida debía responder por los gastos del proceso según el artículo 53 de la ley 24.240.

La Sala B de la Cámara confirmó de forma unánime la sentencia de primera instancia. El tribunal reiteró que la carta documento de rechazo enviada por la aseguradora fue cursada en tiempo y forma, y que en ella se explicitaban las razones del rechazo: la inexistencia de destrucción total bajo la cláusula CG-DA 4.2 del contrato.

La resolución enfatizó que el planteo sobre la supuesta vaguedad del pronunciamiento de la aseguradora resultó novedoso y no había sido esgrimido en la instancia anterior, limitándose la empresa a argumentar que la comunicación se expidió fuera de plazo.

Respecto del fondo del asunto, la Cámara analizó la interpretación de la cláusula de “daño total”. Sostuvo que la demanda proponía una visión distinta de la literalidad del contrato, ya que pretendía que el parámetro relevante fuera la suma asegurada y no el valor de venta al público. El tribunal indicó que esa interpretación no fue planteada desde el inicio del proceso y que tampoco se argumentó la supuesta abusividad de la cláusula, la cual no resultaba manifiesta.

La Sala evaluó que la prueba pericial fue debidamente valorada tanto en la primera instancia como en la revisión de Cámara. El informe técnico sostuvo expresamente que la estimación de reparación y mano de obra no superaba el 80% del valor venal del rodado al momento del siniestro y que la estimación realizada por la aseguradora resultaba correcta.

La decisión remarcó que los argumentos de la empresa reclamante respecto de la ampliación del informe pericial no alcanzaron para demostrar un error en la valoración del juez de primera instancia. Por eso, confirmó la ausencia de responsabilidad de la aseguradora en el rechazo de la cobertura.

En cuanto al cuestionamiento de la aseguradora sobre la eximición de costas, la Cámara recordó que esa cuestión ya había sido resuelta en un fallo plenario anterior y sostuvo que, salvo circunstancias excepcionales no presentes en este caso, corresponde mantener la eximición a favor de la parte vencida bajo el régimen de la Ley de Defensa del Consumidor.

Como resultado de la deliberación, el tribunal resolvió rechazar los recursos interpuestos por ambas partes y confirmar la sentencia de primera instancia. La decisión impuso las costas de la alzada a la empresa reclamante, manteniendo la eximición de pago por el beneficio de justicia gratuita.

Fuente Infobae

RC automotor: alertan por coberturas insuficientes y los riesgos legales para los PAS

La abogada especializada en seguros, Fabiana Compiani, advierte sobre los riesgos crecientes de la subcobertura en Responsabilidad Civil automotor, el impacto del nuevo Código Civil y Comercial sobre las indemnizaciones y la eventual responsabilidad profesional de los Productores Asesores de Seguros frente a clientes insuficientemente cubiertos.

La inflación -más baja que en los últimos dos años, pero aún en niveles superiores al 30% anual-, el aumento sostenido de las indemnizaciones judiciales y la ampliación de los daños resarcibles transformaron silenciosamente el mapa del riesgo en el seguro automotor argentino.

Lo que hace algunos años podía resolverse con una cobertura estándar hoy puede derivar en una exposición patrimonial millonaria para asegurados y también en conflictos judiciales para los propios Productores Asesores de Seguros.

En esta entrevista, la abogada especializada en derecho de seguros, Fabiana Compiani, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Derecho de Seguros (AIDA Argentina), analiza los principales errores que se cometen en el asesoramiento en Responsabilidad Civil automotor, explica cómo el Código Civil y Comercial modificó la lógica indemnizatoria, y alerta sobre un fenómeno cada vez más frecuente: pólizas con límites insuficientes frente a sentencias judiciales de magnitudes inéditas.

«El error más frecuente en el contexto inflacionario es no advertir el infraseguro y sus consecuencias en caso de siniestro frente a la aplicación de la regla proporcional»

Compiani también aborda un tema especialmente sensible para el canal profesional: la posibilidad de que el PAS sea demandado por recomendar coberturas inadecuadas y la importancia de documentar correctamente el asesoramiento brindado al cliente en un contexto de creciente litigiosidad.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que cometen los PAS al asesorar en RC automotor, y cuáles tienen mayor impacto legal para el asegurado?

El error más frecuente en el contexto inflacionario es no advertir el infraseguro y sus consecuencias en caso de siniestro frente a la aplicación de la regla proporcional. La cuestión exige el alerta permanente del Productor tanto en los ramos de daños, hurto o robo, incendio y, especialmente, en materia de responsabilidad civil.

En la actualidad, el acceso a la información pública permite conocer cómo fallan los jueces en materia de indemnizaciones por muerte y lesiones. En el orden nacional, bastará con visitar la web del CSJN (ver sitio web) para conocer los principales fallos de Tribunales Federal y de la Justicia Nacional. Lo propio podrá hacerse en otras jurisdicciones provinciales, aunque vale aclarar que en algunas se requerirá el logueo de un profesional abogado.

Con la reforma del Código Civil y Comercial, ¿cómo cambió la exposición patrimonial del conductor frente a terceros, y está el mercado asegurador actualizado a esa realidad?

Tanto el propietario como el guardián del automotor están expuestos hoy a la ampliación del elenco de daños resarcibles como también al reclamo de más legitimados activos y al cálculo matemático de la indemnización del daño.

En los tres aspectos, ello determina mayor exposición patrimonial de los responsables civiles. En materia de daños resarcibles, se ha reconocido dentro de la categoría de daños patrimoniales la pérdida de chance que antes había sido delineada por la doctrina junto al daño emergente y el lucro cesante.

En materia de daño no patrimonial, el reconocimiento del derecho a la indemnización no sólo de los herederos forzosos, sino también para el caso de muerte o gran discapacidad, de quienes convivan con el damnificado y tengan con él un trato familiar ostensible amplió notablemente la legitimación.

A su vez, el Código prevé que la indemnización del daño no patrimonial debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las sumas reconocidas, objetivando la reparación y desvinculando su cuantía de la medida del daño patrimonial (vemos sentencias que vinculan esta indemnización del daño moral con el costo de adquisición de un automotor, o de un viaje, a modo de ejemplo).

«La consecuencia de contratar un seguro de RC sólo por el límite económico del seguro automotor obligatorio es que el asegurado expondrá la totalidad de su patrimonio para solventar el saldo de la indemnización»

En caso de muerte, el Código ha reconocido el derecho de repetición de quien ha pagado los gastos de asistencia médica y funerarios, a pesar de que haya estado obligado legalmente a hacerlos. En ese mismo orden se ha ampliado la indemnización no sólo a lo necesario para la subsistencia como rezaba el Código de Vélez, sino a los alimentos del cónyuge, conviviente, hijos menores hasta los 21 años, los hijos incapaces o con capacidad restringida. También aquí se exige la transparencia de la indemnización teniendo en cuenta el tiempo probable de la vida de la víctima, sus condiciones personales y la de los reclamantes.

Finalmente, para el cálculo de la indemnización por lesiones o incapacidad sicofísica el Código ha recurrido a la evaluación de la indemnización mediante la determinación de un capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para realizar actividades productivas o económicamente valorable, y que se agote al término del plazo en que razonablemente pudo continuar realizando esas actividades. Ello determina que hoy las indemnizaciones sean fijadas a la luz de la evaluación de fórmulas de matemática financiera conocidas por el nombre de los precedentes judiciales en que han aparecido o por el nombre del autor que las ha pergeñado (Marshall, Vuotto, Mendez, Las Heras Requena, Acciarri, etc.).

¿Qué diferencia concreta hace en un siniestro haber contratado una cobertura con límites adecuados versus los mínimos reglamentarios?

La consecuencia de contratar un seguro de responsabilidad civil sólo por el límite económico del seguro automotor obligatorio, o con un aseguramiento voluntario insuficiente, es que el asegurado expondrá la totalidad de su patrimonio para solventar el saldo de la indemnización, ya que por el principio de la reparación plena que también recoge el Código, los jueces no están sujetos a tales límites al valorar el daño y pueden fijar la reparación en mayores cuantías.

¿Puede el PAS ser demandado civilmente por recomendar una cobertura insuficiente? ¿Existen antecedentes judiciales en Argentina?

El Productor Asesor realiza una actividad de intermediación, promoviendo la concertación de seguros, asesorando a asegurados y asegurables y como contraprestación recibe una comisión que abona el asegurador.

El ejercicio de tal actividad se encuentra regulado principalmente por la Ley 17.418 (art. 53) y por la Ley 22.400 de “Régimen de los Productores Asesores de Seguros». Esta última norma prevé que el Productor debe ejecutar con debida diligencia y prontitud las instrucciones que recibe de los asegurados, asegurables y entidades aseguradoras en relación con sus funciones.

«Lo aconsejable es que el PAS custodie la prueba de su cumplimiento tanto de los deberes de información y asesoramiento mediante la expresión escrita, cualquiera sea el soporte que se adopte»

Asimismo, debe desempeñarse conforme a las disposiciones legales y a los principios técnicos aplicables a la operación en la cual intervienen y actuar con diligencia y buena fe (art. 12). La normativa específica que regula su actividad no permite extender al PAS una obligación de garantía respecto del incumplimiento obligacional del asegurador.

Los deberes del Productor de Seguros con relación al asegurado resultan predominantemente en obligaciones de hacer y le son atribuidos por dicha normativa subjetivamente: debe desempeñarse conforme a las disposiciones legales y a los principios técnicos aplicables a la operación en la cual intervienen y actuar con diligencia y buena fe.

Sin embargo, no podemos desconocer que existen antecedentes en nuestro país en sentido contrario (CNComercial, Sala F, 1.09.16, “Maggio, Rocío Soledad c/ Aseguradora Federal Argentina S. A. y Otro s/ Ordinario” (Expte. N° 6656/2013), que extendió al PAS la responsabilidad del asegurador por el incumplimiento del contrato de seguro por el robo de su automóvil. Para decidir así, la Cámara consideró que en ese caso existió una relación de consumo que justificaba la aplicación de la LDC. Y que el Productor de Seguros “no logró desvirtuar su intervención en la cadena de comercialización del seguro que amparaba el rodado de la actora”. Destacó que “siendo absolutamente claro que el Productor de Seguros, es un ‘vendedor’ de los ‘servicios’ (productos) de la Compañía de Seguros, es que resulta evidente que forma parte de su ‘cadena de comercialización’”. De esta forma la Cámara concluyó que resulta aplicable de manera directa el artículo 40 de la LDC que establece la responsabilidad solidaria, sin perjuicio de las acciones de repetición que el productor de seguros pueda intentar contra la aseguradora (en el mismo sentido, CCIV. Y Com. Gualeguaychú – Sala I – 25/07/2023   «Sánchez, Hugo Daniel c/Díaz, Daniel Horacio s/Ordinario – Daños y Perjuicios´», Cita Digital IUSJU050958F).

No compartimos tales ideas que desconocen la ausencia de antijuridicidad en cabeza del Productor y ausencia de prueba de negligencia o imprudencia en su obrar (cfr. CNCom. Sala A,  “A., J. A. contra Liderar Compañía General de Seguros S.A. y Otros sobre Ordinario”, Expediente Nº 30282/2018).

En definitiva, pensamos que esa hipótesis sólo debería poner en funcionamiento el sistema tuitivo luego de un ponderado diálogo de fuentes que arrojara como resultado el incumplimiento por parte del PAS de los deberes propios que le imponen su carácter como intermediario profesional y, a la vez, su repercusión en un supuesto de seguro de consumo.

¿Cómo debe el PAS documentar el asesoramiento brindado para protegerse ante un eventual reclamo del cliente?

Lo aconsejable es que el Productor de Seguros custodie la prueba de su cumplimiento tanto de los deberes de información y asesoramiento mediante la expresión escrita, cualquiera sea el soporte que se adopte (whatsApp, correo electrónico, mensaje de texto, etc.), siempre que su contenido sea representado con texto inteligible, aunque su lectura exija medios técnicos). Por supuesto, la prueba de su rutina de trabajo también podrá ser probada a través de testigos (otros asegurados, personal auxiliar, etc.).

En siniestros graves con víctimas múltiples, ¿qué ocurre cuando la suma asegurada se agota? ¿El asegurado queda expuesto con su patrimonio personal?

Cuando el siniestro tiene como consecuencia pluralidad de víctimas o aún en la hipótesis de una sola víctima de un siniestro grave, ya sea que como resultado de la aplicación de la regla proporcional que determina el art. 119 de la Ley de Seguros por la que la suma asegurada se prorrateará entre las víctimas plurales, o el agotamiento de tal suma ante la gravedad del estado de la víctima única, la consecuencia es que el asegurado deberá afrontar el resto de la indemnización con todo su patrimonio.

¿Qué recomendaciones concretas le daría a un PAS para revisar la cartera de RC automotor de sus clientes y detectar subcobertura?

Sintetizando lo mencionado más arriba, el Productor de Seguros deberá informar al asegurado los límites del seguro, distinguiendo entre el obligatorio y el voluntario, el nivel de las indemnizaciones que habitualmente fijan los jueces tanto para el caso de lesiones como de muertes y, en consecuencia, deberá asesorar y/o advertir al asegurado de la eventual insuficiencia y de la existencia de mayores coberturas en el mercado.

Fuente Asegurando Digital

Cinco mitos del robo vehicular que ya no son ciertos

Hoy en día, es cada vez más común escuchar sobre algún conocido al que le robaron el auto. Ya no se trata únicamente de los típicos casos de “desvalije”, sino de situaciones mucho más silenciosas: autos que estaban estacionados y que, al revisar una cámara al día siguiente, se descubre que fueron robados en cuestión de minutos.

“Si bien los robos a mano armada continúan siendo los más frecuentes, también se registran casos sin confrontación directa, especialmente cuando el vehículo queda desatendido, incluso en entornos percibidos como seguros”,

Eso es lo habitual en muchos aspectos del robo de autos: creemos que funcionan de una manera, pero en la práctica la realidad es otra. Frente a las nuevas modalidades delictivas y a los avances tecnológicos, resulta clave entender cómo operan los delincuentes y adoptar una estrategia que combine prevención con soluciones de monitoreo, localización y recupero. En este sentido, actualmente persisten ideas instaladas que generan confianza excesiva y, en consecuencia, dejan espacio para la vulnerabilidad:

“Los autos viejos no le interesan a nadie” o “los autos nuevos no se roban”

Durante años se creyó que los vehículos antiguos quedaban fuera del radar, mientras que otros suponen que los modelos nuevos, por contar con más tecnología, están naturalmente protegidos. Sin embargo, la realidad demuestra que cualquier vehículo puede convertirse en un blanco del delito.

Los vehículos más nuevos suelen ser especialmente atractivos por el valor de reventa de sus autopartes, la posibilidad de comercializarlos como “mellizos” o incluso trasladarlos a otros países para su venta. Además, así como la tecnología automotriz evoluciona constantemente, también lo hacen los conocimientos y las modalidades de las bandas delictivas dedicadas al hurto y robo automotor.

Por su parte, los autos más antiguos también son robados con frecuencia, principalmente para desguace o para ser utilizados en otros delitos. En muchos casos, incluso, resultan más fáciles de vulnerar debido a que cuentan con menores medidas de seguridad.

“Si está en un garage, está 100% seguro”

Según el último indicador de Ituran, en marzo los robos en garages, que el mes anterior no registraban casos, pasaron a representar el 7,89%, lo que evidencia un crecimiento significativo en este tipo de hechos. Muchas veces, estas situaciones se dan por accesos vulnerables o incluso por complicidad interna. La seguridad, entonces, no pasa solo por dónde está el auto, sino por cómo está protegido.

“En donde vivo, no pasan esas cosas”

Sentirse tranquilo en el barrio donde uno vive es fundamental, pero eso no debería hacer perder de vista que cualquier persona puede convertirse en objetivo. Muchas veces, esa sensación de seguridad deriva en descuidos que terminan generando oportunidades.

“De día es menos probable”

Sin embargo, los datos muestran que los robos atraviesan distintas franjas horarias. Si bien el tramo entre las 18 y las 24 horas concentra mayor incidencia, también hay niveles significativos durante la mañana y la tarde. No existen horarios completamente exentos, y asumir lo contrario puede llevar a bajar la guardia en momentos donde no corresponde.

“Si tiene alarma, ya está protegido”

Las alarmas son una herramienta útil, pero por sí solas no alcanzan. Muchos robos ocurren igual, ya que los delincuentes saben cómo desactivarlas o simplemente ignoran el sonido, porque ya no provocan la misma reacción que antes. Es clave complementarlas con otras medidas de seguridad, como sistemas de localización y recupero vehicular que permitan actuar rápidamente ante un robo.

En el fondo, todos estos mitos tienen algo en común: parten de ideas que tal vez alguna vez tuvieron sentido, pero que hoy necesitan ser revisadas. Porque mientras las modalidades delictivas cambian, la prevención también tiene que hacerlo.

Por estos motivos, es importante no caer en la confianza excesiva, pero tampoco en la preocupación constante: “La clave está en mantener una mirada objetiva y adoptar medidas concretas, sumando capas de seguridad y refuerzo que ayuden a reducir riesgos. La seguridad se construye día a día, a partir de pequeñas acciones que pueden marcar la diferencia entre un hecho delictivo y evitarlo por completo”,

Fuente 100seguro.com.ar

Ciberseguro y resiliencia: el verdadero problema no es el ataque, sino la falta de preparación (y de seguros)

En un contexto de creciente digitalización, tensiones geopolíticas y expansión del riesgo tecnológico, el último informe de la Asociación de Ginebra (The Geneva Association) plantea un cambio de paradigma: el desafío ya no es evitar los ciberataques —algo prácticamente imposible— sino construir resiliencia para resistirlos, absorber su impacto y recuperarse rápidamente.

El documento, titulado “Strengthening Cyber Resilience Through Insurance”, pone en el centro del debate el rol del seguro como algo mucho más amplio que una simple cobertura financiera, y lo posiciona como una pieza clave en la gestión integral del riesgo digital.

Un riesgo que dejó de ser tecnológico para convertirse en económico

El informe es contundente: el riesgo cibernético ya no puede ser tratado como un problema exclusivo del área de IT. Hoy es un riesgo de negocio, con impacto directo en la continuidad operativa, la reputación y los resultados financieros.

La evidencia es clara. En los últimos 15 años, las pérdidas medianas por incidentes cibernéticos se multiplicaron por 15, reflejando un escenario donde los ataques son más frecuentes, más sofisticados y más costosos.

A esto se suma un dato estructural: la interdependencia digital entre empresas, cadenas de suministro y plataformas tecnológicas amplifica el riesgo sistémico, generando efectos en cascada difíciles de contener.

Resiliencia: el nuevo enfoque frente a un riesgo inevitable

El informe redefine el concepto de resiliencia cibernética a partir de tres pilares:

  • Prevención: reducir la probabilidad de incidentes mediante controles y buenas prácticas
  • Absorción: limitar el impacto operativo y financiero durante el ataque
  • Recuperación: restablecer rápidamente la operación y mitigar daños reputacionales

Este enfoque implica asumir una realidad incómoda: las organizaciones no pueden evitar todos los ataques, pero sí pueden controlar su impacto.

A pesar de la sofisticación creciente del cibercrimen, muchos incidentes siguen originándose en fallas básicas. Entre ellas: contraseñas débiles; sistemas sin actualizar; ataques de phishing; y configuraciones incorrectas.

Esto evidencia que una parte significativa del riesgo es prevenible y que persisten brechas estructurales en la higiene cibernética.

El rol del seguro: de indemnizar a transformar comportamientos

El informe propone una mirada mucho más ambiciosa del ciberseguro.

Lejos de ser solo un mecanismo de transferencia de riesgo, el seguro aparece como un instrumento de gobernanza y mejora operativa, con impacto en tres dimensiones clave:

Prevención:

Las aseguradoras, a través del underwriting, establecen estándares mínimos de seguridad, incentivando mejores prácticas.

Respuesta:

Las pólizas incluyen servicios de respuesta ante incidentes: peritaje digital, asesoramiento legal, gestión de crisis y comunicación.

Recuperación:

El seguro cubre pérdidas financieras relevantes y acelera la vuelta a la operación.

Los datos respaldan esta evolución: cerca del 92% de los incidentes reportados potencialmente cubiertos terminan efectivamente dentro de cobertura, y en el caso de pymes, los pagos pueden representar hasta el 70% del costo total del incidente.

Una oportunidad desaprovechada: baja penetración y uso limitado

A pesar de su potencial, el informe detecta una brecha crítica: la adopción del ciberseguro sigue siendo baja, especialmente en pequeñas y medianas empresas.

A nivel global, apenas alrededor del 10% de las pymes cuenta con cobertura, aun cuando son uno de los principales blancos de los ataques.

Pero el problema no es solo la penetración. Incluso entre quienes tienen póliza, existe un subuso de los servicios preventivos, ya que muchas empresas siguen viendo el seguro como un producto “reactivo” y no como una herramienta activa de gestión del riesgo.

El desafío sistémico: coordinación público-privada

El informe también advierte que el riesgo cibernético tiene características que desafían al modelo tradicional asegurador:

  • Alta interconectividad
  • Posibles eventos acumulativos o sistémicos
  • Evolución constante del riesgo

Por eso, plantea la necesidad de una mayor colaboración entre aseguradoras, empresas, proveedores tecnológicos y gobiernos, tanto para mejorar la comprensión del riesgo como para desarrollar soluciones sostenibles.

En este punto, el seguro puede jugar un rol clave como generador de estándares comunes y promotor de mejores prácticas a escala.

Una agenda estratégica para el mercado asegurador

Más allá del diagnóstico, el informe deja una señal clara para el sector:

  • El ciberseguro no es solo una nueva línea de negocio
  • Es una herramienta para posicionarse en el centro de la gestión del riesgo empresarial
  • Y una oportunidad para evolucionar hacia modelos más integrados de prevención + servicio + cobertura

En otras palabras, el futuro del ciberseguro no se juega solo en la prima, sino en su capacidad de agregar valor antes, durante y después del siniestro.

El mensaje de fondo del informe es claro: en el mundo digital actual, los ataques son inevitables, pero sus consecuencias no lo son.

Ahí es donde el seguro puede marcar la diferencia. No como un parche financiero, sino como un actor central en la construcción de organizaciones más resilientes.

Y en mercados como América Latina —donde la penetración aún es baja—, el desafío es doble: educar, desarrollar y, sobre todo, cambiar la forma en que las empresas entienden el riesgo cibernético.

Fuente https://100seguro.com.ar/

La IA entra a la oficina del PAS: menos tareas mecánicas, más decisiones que importan

La inteligencia artificial ya está transformando el trabajo cotidiano del Productor Asesor de Seguros: desde automatizar procesos hasta anticipar necesidades del cliente, sin perder de vista que la confianza sigue siendo el verdadero diferencial del negocio.

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana para transformarse en una herramienta concreta de trabajo. En el caso de los PAS, su valor no está en reemplazar la tarea profesional, sino en liberar tiempo, ordenar información, mejorar la capacidad de respuesta y permitir una asesoría más relevante. En un mercado donde la confianza sigue siendo el principal diferencial, la IA no debería alejarnos del cliente, sino ayudarnos a estar más presentes, más informados y mejor preparados.

¿Cuál es ese ejemplo concreto y cotidiano donde un PAS puede decir hoy que la IA es una herramienta que ya le está ahorrando tiempo real?

Un ejemplo muy concreto es la gestión de consultas repetitivas y la preparación de respuestas comerciales u operativas. Hoy un PAS puede usar IA para resumir un intercambio largo de mensajes con un cliente, redactar una respuesta clara, ordenar documentación, preparar comparativos de coberturas, generar recordatorios de seguimiento o convertir notas desordenadas en un correo bien presentado. También puede utilizarla para clasificar consultas entrantes, detectar prioridades y elaborar propuestas preliminares que luego el productor revisa y personaliza.

Ese ahorro de tiempo es real porque elimina minutos y, muchas veces, horas dedicadas a tareas mecánicas que no agregan valor estratégico. No se trata solo de ir más rápido. Se trata de evitar desgaste en actividades de bajo impacto para dedicar más energía a lo que sí hace la diferencia: escuchar, interpretar, aconsejar y acompañar al cliente en sus decisiones.

¿Cómo lograr que el uso de asistentes virtuales y chatbots de IA no termine enfriando la relación con el cliente en un rubro donde la confianza es el activo principal?

La clave está en entender que automatizar contacto no es lo mismo que automatizar vínculo. Un asistente virtual puede ser muy útil para responder consultas frecuentes, tomar datos iniciales, enviar documentación, recordar vencimientos o guiar trámites simples. Pero la confianza no se construye en la velocidad de una respuesta, sino en la calidad del acompañamiento cuando la situación importa de verdad.

“En los próximos cinco años, vamos a ver una convivencia mucho más profunda entre inteligencia humana e inteligencia artificial, pero no creo en un desplazamiento lineal del productor por la máquina”

Por eso, el criterio debe ser muy claro: la IA puede hacerse cargo de la primera capa de interacción, pero el PAS debe aparecer con fuerza en los momentos sensibles. Cuando hay una duda compleja, una decisión relevante, un siniestro, una queja o una situación de incertidumbre, el cliente necesita una persona. La tecnología debe facilitar el acceso al productor, no convertirse en una barrera entre el asegurado y su asesor.

Bien usada, la IA puede incluso humanizar más la relación, porque permite responder rápido en lo operativo y reservar tiempo humano para las conversaciones importantes. El error sería usarla para simular cercanía donde en realidad se está retirando presencia profesional.

¿De qué tareas operativas debería el Productor Asesor de Seguros desenamorarse para dejar que la IA las haga, y en qué áreas de la asesoría debe hacerse más fuerte que nunca?

El PAS debería empezar a soltar, sin culpa, tareas como redactar correos rutinarios, resumir reuniones, organizar bases de datos, clasificar consultas, preparar borradores de propuestas, agendar seguimientos, responder preguntas frecuentes o generar documentos iniciales. Son tareas necesarias, pero no necesariamente deben consumir el tiempo del productor.

En cambio, debe fortalecerse más que nunca en cuatro áreas centrales. Primero, en la interpretación del riesgo, porque la lectura técnica y contextual de cada cliente sigue requiriendo criterio profesional. Segundo, en la construcción de confianza, que no nace de una plataforma sino de una relación. Tercero, en la recomendación personalizada, porque asesorar no es ofrecer opciones sino ayudar a elegir bien. Y cuarto, en la contención en momentos críticos, especialmente frente a un siniestro o una situación conflictiva.

En otras palabras, la IA debería ocuparse del trabajo repetitivo; el PAS debe concentrarse en el trabajo decisivo.

¿Cómo puede un PAS utilizar la IA para anticiparse a las necesidades de su cliente, por ejemplo, prediciendo cuándo un asegurado está a punto de cancelar una póliza?

La IA permite identificar patrones que a simple vista pueden pasar desapercibidos. Por ejemplo, un asegurado que empieza a responder menos, demora pagos, consulta reiteradamente por precio, reduce coberturas, manifiesta insatisfacción o deja de interactuar con ciertos canales puede estar mostrando señales tempranas de desvinculación. Si esos datos se organizan bien, la IA puede ayudar a detectar riesgos de cancelación y activar alertas para intervenir a tiempo.

Pero el punto más importante no es solo predecir la baja, sino anticiparse con inteligencia comercial y relacional. Si el PAS sabe que un cliente cambió de actividad, vendió un vehículo, amplió su negocio, tuvo un hijo, incorporó personal o modificó sus hábitos, puede acercarse con propuestas de valor antes de que aparezca el problema. Allí la IA ayuda a conectar datos y momentos, pero la acción relevante sigue siendo humana: llamar, preguntar, escuchar y ofrecer una recomendación pertinente.

La verdadera potencia no está en que la IA “adivine” el futuro, sino en que ayude al productor a llegar antes.

¿Qué riesgos éticos corremos si dejamos que una IA decida quién es asegurable y quién no, y cómo evitar que la tecnología discrimine a ciertos perfiles?

El principal riesgo es que la tecnología tome decisiones aparentemente objetivas, pero apoyadas en datos sesgados, incompletos o históricamente injustos. Si una IA aprende de antecedentes donde ciertos perfiles ya fueron sistemáticamente excluidos o tratados de manera desigual, puede reproducir esa lógica con más velocidad y escala. Y lo más delicado es que muchas veces esa discriminación no aparece de forma explícita, sino encubierta en correlaciones estadísticas.

“La pregunta ya no es si una pequeña organización puede hacer IA, sino cuánto tiempo puede permitirse no hacerlo”

Por eso, nunca debería delegarse por completo en una IA una decisión tan sensible como definir asegurabilidad, precio o acceso a una cobertura. Tiene que haber supervisión humana, criterios auditables, revisión periódica de los modelos y reglas claras sobre qué variables pueden usarse y cuáles no. Además, las organizaciones deben exigir explicabilidad: si una recomendación algorítmica afecta a una persona, esa decisión tiene que poder justificarse razonablemente.

La innovación sin gobernanza puede ser eficiente, pero también puede ser injusta. Y en seguros, la confianza institucional se destruye mucho más rápido de lo que se construye.

¿Dónde está el límite entre la personalización útil y la invasión a la privacidad del asegurado si en el futuro se desarrollan seguros basados en el comportamiento?

El límite está en el consentimiento informado, la proporcionalidad del uso del dato y la claridad del beneficio para el cliente. Personalizar no debería significar vigilar. Que una aseguradora o un productor conozcan mejor al cliente para ofrecerle coberturas más adecuadas puede ser positivo. Pero eso cambia completamente si el asegurado no entiende qué datos se están tomando, para qué se usan, durante cuánto tiempo se almacenan y qué impacto pueden tener en su prima o en su cobertura.

Los seguros basados en comportamiento abren oportunidades, pero también tensiones muy fuertes. Si para obtener mejores condiciones el cliente tiene que aceptar un nivel excesivo de monitoreo, entonces el riesgo es que la personalización se transforme en una forma de presión o de pérdida de libertad. El dato no puede convertirse en un mecanismo silencioso de control.

La regla debería ser simple: recolectar solo lo necesario, explicar con transparencia, ofrecer alternativas y preservar siempre la dignidad y autonomía del asegurado. Todo lo que exceda eso entra en una zona delicada.

¿Qué le dirías al PAS independiente o a la pequeña organización que siente que la inversión en IA es inalcanzable o solo para las grandes compañías?

Le diría que hoy la barrera de entrada es mucho más baja de lo que imagina. La mayoría de los productores no necesita empezar por desarrollos complejos, integraciones costosas o proyectos ambiciosos. Puede comenzar con herramientas simples y de bajo costo para redactar mejor, responder más rápido, ordenar información, generar contenido comercial, resumir documentos o mejorar seguimientos. La ganancia inicial no está en la sofisticación tecnológica, sino en la mejora de productividad cotidiana.

Además, la pregunta ya no es si una pequeña organización puede hacer IA, sino cuánto tiempo puede permitirse no hacerlo. Porque mientras algunos la miran como algo lejano, otros ya la están usando para atender mejor, vender mejor y aprender más rápido. No se necesita una estructura enorme para empezar. Se necesita decisión, criterio y una adopción gradual.

El productor independiente tiene incluso una ventaja: puede moverse con más agilidad, probar más rápido y adaptar herramientas sin la burocracia que muchas veces frena a las grandes organizaciones.

Si hoy la IA es una herramienta de soporte, ¿cómo visualizas el equilibrio de poder entre el humano y la máquina en el mercado asegurador dentro de cinco años?

En los próximos cinco años vamos a ver una convivencia mucho más profunda entre inteligencia humana e inteligencia artificial, pero no creo en un desplazamiento lineal del productor por la máquina. Lo que sí va a ocurrir es una redefinición del valor profesional. Muchas tareas que hoy justifican tiempo y estructura van a ser automatizadas, y eso obligará a los actores del mercado a revisar dónde está realmente su aporte.

“El principal riesgo es que la tecnología tome decisiones aparentemente objetivas, pero apoyadas en datos sesgados, incompletos o históricamente injustos”

La máquina será cada vez mejor procesando datos, detectando patrones, proponiendo opciones, monitoreando comportamientos y ejecutando flujos. Pero el humano seguirá siendo clave para interpretar contextos, tomar decisiones en escenarios ambiguos, sostener relaciones de confianza y actuar con criterio frente a situaciones excepcionales. En seguros, eso es central, porque no estamos hablando solo de transacciones; estamos hablando de protección, incertidumbre y respaldo.

Por eso, más que un conflicto entre humano y máquina, veo una nueva división del trabajo. La IA va a aumentar la capacidad del productor, pero también va a exigirle un perfil más consultivo, más analítico y más relacional. El PAS que se fortalezca en esas dimensiones va a salir mejor parado. El que siga aferrado solo a tareas administrativas o de intermediación básica va a encontrar un escenario mucho más desafiante.

En síntesis, el futuro no será de la máquina sola ni del humano aislado. Será de quienes aprendan a combinar eficiencia tecnológica con sensibilidad profesional. Y en ese equilibrio, el rol del Productor Asesor de Seguros puede volverse menos operativo, pero mucho más valioso.

Fuente https://asegurandodigital.com.ar/

ELECTROMOVILIDAD

Tiempo de Seguros presenta un suplemento especial que pone el foco en cómo la irrupción de los vehículos eléctricos redefine coberturas, riesgos y oportunidades en el mercado asegurador.

La transición hacia una movilidad más sustentable dejó de ser una promesa a futuro para convertirse en una realidad que avanza, todavía de manera incipiente, pero sostenida. En ese proceso, la industria del seguro comienza a reconfigurarse frente a un fenómeno que introduce nuevas variables técnicas, económicas y operativas. Con ese telón de fondo, Tiempo de Seguros lanza su suplemento especial de electromovilidad, una edición que busca ofrecer una mirada integral sobre este cambio estructural.

“Con baterías como eje de riesgo, nuevas tecnologías en juego y una cadena de valor en transformación, el seguro enfrenta uno de los mayores desafíos de su historia reciente.”

El avance de los vehículos eléctricos e híbridos en el país, impulsado por innovaciones tecnológicas y una creciente preocupación ambiental, plantea desafíos concretos para las compañías aseguradoras. Desde la valuación de los vehículos hasta la definición de coberturas específicas, el sector se ve obligado a revisar criterios históricos y a diseñar soluciones acordes a una nueva realidad.

Uno de los puntos centrales que aborda la publicación es el rol de las baterías, consideradas el componente más costoso y sensible de los vehículos eléctricos. Su vida útil, reposición y posibles fallas introducen un factor de riesgo distinto, que ya comienza a ser contemplado en las pólizas.

Al mismo tiempo, el suplemento analiza cómo las características propias de estos vehículos —como la reducción de ruidos o la incorporación de sistemas avanzados de asistencia a la conducción— impactan en la siniestralidad y obligan a repensar tanto la prevención como la evaluación de accidentes.

“La electromovilidad no sólo cambia la forma de conducir, sino también la manera de intervenir ante un siniestro vial.”

Las principales aseguradoras del mercado ya dieron los primeros pasos en este terreno. Algunas desarrollaron productos específicos, mientras que otras adaptaron coberturas existentes para incluir este tipo de unidades. En todos los casos, coinciden en que la electromovilidad no es una tendencia pasajera, sino un cambio que llegó para quedarse.

La infraestructura de carga aparece como otro de los ejes clave. La expansión de puntos de recarga, tanto en ámbitos urbanos como en rutas, abre interrogantes sobre nuevos riesgos asociados a instalaciones eléctricas, responsabilidad civil y eventuales fallas técnicas.

En paralelo, el suplemento pone el acento en la necesidad de capacitación. Peritos, liquidadores y talleres mecánicos enfrentan el desafío de incorporar conocimientos técnicos específicos para operar con vehículos que difieren sustancialmente de los tradicionales a combustión.

La mirada también se amplía hacia el ecosistema que rodea a la electromovilidad. Fabricantes, empresas tecnológicas y proveedores de energía forman parte de una cadena que comienza a integrarse y que demanda un abordaje coordinado para acompañar el crecimiento del sector.

“Sin capacitación específica, la asistencia a vehículos eléctricos puede implicar riesgos adicionales para rescatistas y víctimas.”

En este escenario, el rol del productor asesor de seguros adquiere una relevancia particular. La complejidad de los nuevos riesgos exige una mayor especialización y capacidad de asesoramiento, en un mercado que evoluciona a ritmo acelerado.

Con este suplemento, Tiempo de Seguros no solo aporta información clave para comprender el fenómeno, sino que también se posiciona como un actor que acompaña y anticipa los cambios de una industria en plena transformación. Una guía imprescindible para quienes buscan entender hacia dónde se dirige el seguro en la era de la movilidad eléctrica.

VER SUPLEMENTO COMPLETO AQUÍ